Haz llover, Señor,
oh, Consolador,
que tu gloria esté aquí.

Fluye con poder,
que podamos ver
que tu gloria está aquí.

Tu presencia es nuestro
gran deseo,
Calma nuestra sed de Ti.

Con tu aliento danos
tu frescura,
tócanos una vez más.
Ven alien – to
de el cielo
llena al pue – blo de Dios.